IEMANJA 2 Febrero su dia glorioso

Las deidades yorubas se llaman orishas, y cada orisha tiene su leyenda y una función en el universo: son las divinidades del amor, del fuego, de la pesca, de la justicia, de la música, de la guerra, de la sabiduría, de la fertilidad.

«Nuestra creencia afirma la existencia de un solo Dios llamado Olodumare, único y creador de todo lo existente. Creemos en los Orishas representados en cada espacio de la naturaleza como la más pura manifestación de Dios en su divina creación, creemos que el hombre se desenvuelve en un campo de energías espirituales emanadas de él», describe Oluwo Leonardo G. Allegue Ifawoyemi Akinwande, Presidente y Líder religioso de A.S.R.A.U.


(Escultura Yemanjá, Rio Vermelho, Salvador do Bahia, Brasil).

Producto del tráfico de esclavos, la cultura y religión Yoruba que se expandió fuera de África por el continente americano fue adoptando diferentes formas sincréticas. Cada culto a los orishas fue tomando las particularidades del lugar donde se asentaron los y las africanas.

Iemanja, la orisha femenina más importante de toda la religión, es venerada y nombrada de diferente manera en cada sitio. Yemanyá, Iemanja, Donha Janaína, Lemanjá, también encarna la figura de ser la virgen de los navegantes, la protectora del hogar, la diosa de la fertilidad o la madre de los peces.

«Para hablar de la religiosidad Afro-Umbandista sería inexcusable no hacer una breve reseña a la amnesia histórica sobre la llegada de la población africana esclavizada desde fines del Siglo XVI, y desaparecida u olvidada empíricamente para finales del siglo XX. Partiendo de esta base», explica Leonardo, «donde el común de la sociedad desconoce la presencia del africano en nuestro país, aún más complejo ha sido el proceso de visibilización de la afro-religiosidad».

En Argentina, las primeras manifestaciones afro-religiosas datan aproximadamente de fines de los años 60´s, provenientes de Brasil y Uruguay. Hace algunos años también llegaron otras corrientes religiosas de sustrato africano desde Cuba e inclusive también las oriundas de África.

Fiesta a la Madre Orixá Iemanjá

Iemanja es un Orixá, una manifestación de la divina creación de Olodumare «Dios» – Iemanja no es una Diosa, es una divinidad, cuyo nombre originario en Yoruba es Yemoja, cuyo significado es «Madre de los peces o Madre cuyos hijos son los peces», es oriunda del Rio Ogún, el cual inicia en el estado de Oió y recorre todo el Estado de Ogún State, Nigeria, África).

Especialmente en nuestro país, Uruguay y Brasil, todos los días 2 de Febrero celebramos públicamente el día de nuestra Madre Iemanja, la divinidad protectora del mar y los navegantes. Por esta razón, la mayoría de los religiosos y creyentes afro-Umbandistas, rinden homenaje, agradecen y hacen sus pedidos a las orillas del mar o ríos. Ella representa el amor de una madre en su máxima expresión, protectora del Hogar y la familia, la fecundidad, fertilidad, embarazos, partos y niños recién nacidos.

Iemanjá en Buenos Aires

Las ofrendas, las flores, los cantos y los bailes son fundamentales para complacer a la divinidad. Como en tantos lugares de América, en la ciudad Quilmes, al pie del Río de La Plata, cuando cae el sol se le rinde culto. Vestidas de blanco, mujeres y hombre ingresan al río para dejar en las ofrendas, sus anhelos y deseos. Flores, perfumes, collares, monedas, se depositan en pequeñas barcazas que los creyentes construyen y lanzan a las aguas. Se cree que si la barcaza vuelve a la costa, es porque Iemanjá desoyó la súplica.

Las danzas, los tambores y las fogatas acompañan durante toda la noche. Cuando amanece, es hora de retirarse. Los creyentes caminan de espaldas, mirando, siempre mirando al mar.

Yemayá o Jemanjá, también llamada Yemanyá (Yemọya en NigeriaIemanjá o aún Dona Janaína en Brasil; ver sección Nombre) es la orishá del pueblo egba, divinidad de la fertilidad de la mitología yoruba, originalmente asociada al Mar. Su culto principal se estableció en Abeokuta después de migraciones forzadas, tomando como soporte el río Ògùn de donde se manifiesta en cualquiera otro cuerpo de agua. También es reverenciada en partes de SudaméricaCaribe y Estados Unidos. Siendo identificada en el merindilogun por los Odus Irosun​ y Ossá,​ es representada materialmente por el asentamiento sagrado denominado Igba Yemayá. Se manifiesta a los iniciados en sus misterios (eleguns) a través de posesiones o trances.

Celebrada en Ifé como hija de Olokun, la divinidad de los mares, esa estrecha conexión fue enaltecida en el proceso de la diáspora africana resultando en una sobreposición de ambas en una misma figura como manifestaciones de un mismo principio, siendo el motivo para la asociación de Yemayá con los mares en el Nuevo Mundo. Con el sincretismo de otras divinidades y de influencias europeas, fue imbuida de incontables atributos y poderes en una gran variedad de cultos. Su arquetipo maternal se consolidó sobre todo como Madre de todos los Orishás. Yemayá, en las palabras de D. M. Zenicola, «representa el poder progenitor femenino; es ella que nos hace nacer, divininad que es maternidad universal, la Madre del Mundo».

En Brasil considerado el orishá más popular festejado con fiestas públicas, desarrolló profunda influencia en la cultura popular, música, literatura y en la religión, adquiriendo cada vez más una identidad consolidada por el Nuevo Mundo, conforme puede ser observado a través de su representación por diversos intelectuales, artistas y por el folclore que en su imagen reunieron las «tres razas». Figura en la Dona Janaína una personalidad aparte, seductora, sirena de los mares noroccidentales, con cultos populares simbólicos y accesibles que muchas veces no expresan necesariamente una liturgia. En esa visión, según Bernardo, Yemayá «(…) es madre y esposa. Ella ama los hombres del mar y los protege. Pero cuando los desea, ella los mata y los hace sus esposos en el fondo del mar».

Nombre y Epítetos

Estatua de Yemayá en Montevideo, en Uruguay.

«Yemayá», nombre que deriva de la contracción de la expresión en yoruba Yèyé omo ejá («Madre cuyos hijos son peces») o simplemente Yemọya en referencia a un río homónimo adorado en los primordios del culto de esta Orisha.678​ En NigeriaYemọya se pronuncia con el sonido de «djá» en la última sílaba.​ La versión hispana ampliamente más aceptada es la de Yemayá proveniente de la Santeria en Cuba. También es conocida como Aleyo en la misma región de Egbado, Ayetoro, Igan y Okoto.

En portugués es conocida por el nombre popular Dona Janaína a Mãe d’agua que tiene un origen más complicado: diversas fuentes lo asocian a un origen indígena pero no lo identifican.​ El diccionario Houaiss registra la explicación de la composición del nombre por Olga Cacciatore como de origen yorubaiya, «madre» + naa, «que» + iyin, «honra».

M. C. Costa, en un artículo referente, localiza su origen en el diminutivo de Jana, expresión portuguesa para Anjana, ser mitológico conectado a las Xanas, una especie de hada o ninfa de la mitología asturiana dotada de una belleza extraordinaria que vive en los ríos, fuentes, cascadas y bosques que tienen cursos de agua cristalina.«Jana» puede ser también referencia Guarani de Jara, pronuncia correcta de Iara, significando, según M. A. Sampaio, «señor, señora, dueño, dueña, propietario, propietaria. No quiere decir «señora de las aguas». Para ese término, sería Y-jara: Y- agua; jára, señor o señora». Tal alusión a la figura mitológica brasileña de Iara justificaría dos títulos en común, Madre d’Agua y Sereia, y su origen presenta el porqué ser mencionada como «Dueña». Esa asociación es observable ya en el inicio del siglo xx conforme verifica P. Iwashita en menciones de Artur Pereira Ramos, siendo aún frecuente en los cultos en la actualidad, como presentado en las investigaciones de A. Vallado. Inaê es según Édison Carneiro, un aférese de Janaína, con más un «ê» eufónico.

Yemayá en su gran variedad de cultos asume diversos epítetos. Sigue una lista incompleta, excluyéndose también calidades y avatares (ver sección Calidades y Avatares): Ayaba ti gbe ibu omi, reina que vive en la profundidad de las aguas;​ Ibu gba nyanri, regato que retiene la arena; Oloxum (Olosun), regato rojo; Ibu Alaro, regato negro; Olimọ, dueña de la hoja de palmeiraOnilaiye, dueña del mundo;​ Onibode Iju, guardiana de la floresta; madre de Minihun (Iya ominihun), en referencia los minihun que es el nombre que se da a los niños que se cree concebidos gracias a Yemayá;Ayaba lomi lo, reina en el agua;​ Iyá Ori, madre de la cabeza​ Reina del MarSereia. Otras referencias como Aiucá o Princesa del Aioká parecen corruptelas de Abeokuta, ciudad principal del culto de Yemayá, mientras María tendría origen en el sincretismo religioso con la Virgen María.

Mito[editar]

Yemayá amamantando los Ibejis, inicio del siglo xx, Museo Afro Brasil.

Muchos atributos y códigos morales de Yemayá pueden ser verificados en sus cantigas y orikis,​ de tradición oral entre los yorubas,​ sus itan o mitos y demás tradiciones también se preservaron del mismo modo, estando según R. Ogunleye susceptibles a las limitaciones de la memoria y a la extinción de saberes con la muerte quién los preservan.​ Con la pérdida de muchos de su culto durante las guerras sufridas por el pueblo Egba, que resultaron en su migración hacia una nueva región, no es asombroso que sus mitos originales sólo aludan al soporte de su culto en la nueva localidad, el río Ògùn y no su predecesor como adelante verificamos.

Los primeros registros literarios de sus mitos así, como de algunos otros orishás, fueron perjudicados por diversos equívocos. A. B. Ellis asocia una cosmología y génesis incestuoso influenciado por P. Baudin y repetida diversas veces por autores como R. Y. Dennett, Stephen Septimus Farrow, Olumide Lucas y R. F. Burton influenciados unos por los otro​ P. Verger inicialmente influenciado por tales mitos ya alertaba de que los mismos no eran más conocidos o posible de verificarse en la costa de África​ y posteriormente concluye tratarse de una serie de equívocos y los rebate duramente en obras posteriores.​ Esas influencias occidentales imprecisas que parecen haber adherido a la interpretación de Yemayá así como de otras divinidades yorubas ya era alertada en 1772 por P. Labat, «que ciertas informaciones fueron dadas por varios autores» y añadía: «pero tal vez no haya sido sino la opinión del que las escribió primero y que los otros siguieron y copiaron sin le importar se estaban bien o apenas fundadas«.

Para S. Poli, aún la concepción de Yemayá que vislumbramos en la obra de Verger es una divinidad ya sincrética, como podemos conferir en su asociación la Yewá y también Yeyemowo, divinidad casada con Obatalá. Tal confusión no es grave en su culto en Brasil por ejemplo, donde Yemayá se hizo en una nueva interpretación esposa de Obatalá-una concepción de los mismos de Obatalá-, formando la pareja esencial de la creación Muchos autores, como L. Cabrera en su memorable explicación y abordaje sobre Yemayá y Oshun, abordaron esa visión de la diáspora centrada en su nuevo contexto social, cultural e histórico, como es el caso de Cuba en el análisis de la investigadora, no preocupándose en un rescate propiamente a partir del origen.

En el Nuevo Mundo, también se observa una moralización de su figura en asociación al sincretismo con figuras del cristianismo, siendo que aún sus descripciones de formas generosas y senos generosos ya ceden lugar a una versión más latinizada y blanca, cuando no en determinados momentos asume los aspectos de la sensualidad en demasía por asociaciones a la figura europea de la sirena, o aún la Iara de atributos ya cargados de la influencia de los colonizadores del viejo continente, como podemos verificar en la Dona Janaína de la obra de Jorge Amado o de las canciones de Dorival Caymmi, o aún en el culto de Lá Sirène o Mami Wata en el Caribe (ver sección Sincretismo).

Con todo esto, de los atributos que le son asociados en cualquier contexto o reinterpretación verificamos su relación con las aguas y los peces, muy aunque esa pueda haber pasado de los ríos a los mares, como observamos en Brasil y Cuba, en el primer escenario en sustitución de cultos de divinidades olvidadas en el proceso de diáspora como lo de Olokun​ que fue sustituido en el panteón afro-brasileño por Yemayá, o como en el segundo, el estrechamiento demasiado de esas dos divinidades de misma familia, como observamos cuando en la figura de Yemayá explorada por Cabrera. Otra asociación de Yemayá que se preservó es la fertilidade y maternidad que cómo demás atributos fuera reforzada, al punto de haber se hecho madre de todos los orishás, o como en la visión de R. Prandi ayudando personalmente Olodumaré en la construcción del mundo.

Orígenes

Ori Olokun (Cabeza de Olokun): este bronce del siglo xii presenta aspectos masculinos del Orishá. Museo Británico.

Yemayá, en su culto original, es un orishá asociado a los ríos y desembocaduras, a la fertilidad femenina, a la maternidad y primordialmente al proceso de génesis del Àiyé (mundo) y la continuidad de la vida (emi). También es regente de la pesca, y de la plantación y cosecha de ñames.​ P. Verger, en su libro Dieux d’Afrique, registra: «es el orishá de las aguas dulces y saladas de los Egba, una nación yoruba establecida otrora en la región entre Ifé y Ibadan, donde existe aún el río Yemọya.36​ Las guerras entre naciones yorubas llevaron los Egba a emigrar en la dirección oeste, para Abeokuta, en el inicio del siglo XIX. (…) El río Ògùn, que atraviesa la región, se hizo, a partir de entonces, la nueva vivida de Yemayá».37​ Después de la guerra entre los egbás y los daomeanos, sobraron pocas personas de ese culto, con miras a la dispersión o aún prisión de estos por los enemigos.​ Según R. Ogunleye, «No está claro si el río Ogun precede Yemoja o se Yemoja trajo el río Ogun a existir para que ella pudiera crear un cuartel-general como un asiento de su gobierno. Sea cuál sea el caso, el río Ogun ha venido a ser acepto por los yorubas como el «cuartel-general» de Yemoja. De su trono allá, ella se manifiesta en cualquiera otro cuerpo de agua». La referencia de la guerra y de la fuga de los egbas se refleja en su mitología.

Los principales relatos mitológicos de Yemayá se desarrollan con los orishás primordiales de la creación yoruba del mundo. Evidenciándose en la segunda mitad del siglo xx un consenso entre autores de que Yemayá es hija de la divinad soberana de los mares y océanos Olokun (esta última una divinad femenina en Ifé y masculina en el Benín), siendo ese vínculo celebrado en la ciudad de Ifé, considerado como cuna de la civilización yoruba.​ R. Ogunleye alude su origen también a partir de Olodumare (Olodumaré), divindade del orun.​ Si constata entonces como hija de la unión mitológica conturbada de Olokun y Olorun y hermana de Ajé Shalunga.​ Olokun por su carácter inestable y destructivo fue atada al fondo del océano en sus dominios después de una tentativa de diluvio fallida por Olorun,​ E. L. Nacimiento menciona, al referirse al temor a los aspectos antisociales o negativos de los orishás femeninos, «Yemayá, igualmente, representa en su aspecto peligroso la ira del mar, la esterilidad y la locura«. No obstante, es muy frecuente referencias a la naturaleza benéfica de Yemayá, L. Cabrera así defiende: «Sin deformar esa definición encantadora y irrefutable, podemos imaginar Yemayá emanada de Olokun, con su poder y sus riquezas, pero sin las características tremebundas que lo asocian más a la muerte del que a la vida, como su manifestación femenina —Yemayá es muy maternal— y benéfica«. En la cosmología y gênese de A. B. Ellis influenciada por P. Baudin es hija de la unión de Obatalá con Oduduwa en una manifestación femenina.

P. Verger apunta su primera unión con Orunmila, el orishá de los secretos (esa unión es ampliamente celebrada en el culto de ifá afro-cubano con diferentes itans registrados por L. Cabrera, pero es negada por W. Abimbọla), relación que poco duró una vez que Orunmila la expulsa y acusa de quebrar el ewo que prohíbe el acceso de mujeres a los Odus y el manoseo de los objetos sagrados de Ifá.L. Cabrera registra: «Orunmilá tuvo que asistir a una reunión de dieciséis awós, convocada por Olofi. Ella quedó en casa y a todos que iban a consultar su marido, en vez de decirles que esperaran su vuelta, ella hacía pasar adelante y adivinaba para ellos. (…) cuando este volvió, todos le pedían quién Yemayá mirara para ellos. Orunmilá explicaba que las mujeres no pueden jugar Ifá. Ellos iban aunque… y no volvían más«.

Elegun manifestada en Yemayá durante un festival en Nigeria.

Posteriormente, Yemayá fue casada con Olofin Oduduwa creador del mundo y rey de Ifé, con la cual tuvo diez hijos. Algunos de los nombres enigmáticos de sus hijos parecen corresponder a orishas. Verger presenta dos ejemplos: «Òsùmàrè ègò béjirìn fonná diwó» (el arco iris que se desplaza con la lluvia y guardia el fuego en sus puños), y «Arìrà gàgàgà tí í béjirìn túmò eji» (el trueno que se desplaza con la lluvia y revela sus secretos).​ Yemayá, cansada de la vivencia en la ciudad de Ifé gobernada por el marido, se decide huir para el Oeste, para la «tierra del atardecer». Antes de vivir en el mundo, Yemayá había recibido, de Olokun, siempre precavida pues «no se sabe jamás lo que puede acontecer mañana«, una vasija conteniendo un preparado mágico con la recomendación de que, si algún caso extremo se sucediera, Yemayá lo quebrara en el suelo. Yemayá, que ya se había instalado en el atardecer de la Tierra, fue sorprendida por el ejército de Olofin Oduduwa que estaba buscándola. En vez de dejarse capturar, quebró la vasija con el preparado conforme las indicaciones que había recibido. El preparado mágico, al tocar el suelo, hizo nacer, en el mismo lugar, un río que llevó Yemayá nuevamente para okun, los océanos de Olokun donde fue acogida.

Otro mito sugiere que fue casada con Okere, rey de Xaki, ciudad localizada al norte de Abeokuta.3951​ Este mito parece complementar sus andanzas después de la fuga de su boda con Olofin Oduduwa. El mito se inicia con Yemayá instalándose en Abeokuta que sería la tierra del atardecer del mito anterior, y el desfecho mucho se asemeja, con la presencia de la vasija con el preparado mágico de Olokun. Yemayá que «continuaba muy bonita«, despertó el deseo de Okere que le propuso boda. La unión se sucedió con tal que Okere en ninguna situación expusiera el tamaño de la inmensidad de sus senos al ridículo. Pero Okere cierto día retorna ebrio para casa y tropieza con Yemayá que el recrimina, y este no teniendo control de las facultades o emociones, grita ridicularizándole los senos. Yemayá huye en disparada ofendida con el hecho de Okere, que le persigue. En su fuga, Yemayá tropieza quebrando la vasija que le fue entregue y de ella nace el río que le ayudará a llegar hasta el mar. Okere no queriendo permitir la fuga de la mujer se transforma en una colina que le barra el camino para cualquier dirección. Yemayá una vez con su ruta hasta el océano bloqueada, clama por el más poderoso de sus hijos, Changó.

Así, Verger relata su desenlace: «(…)llegó Changó con su rayoSe oyó entonces: Kakara rá rá rá … Él había lanzado su rayo sobre la colina Okere. Ella se abrió en dos y, suichchchch … Yemayá se fue para el mar de su madre Olokun. Y ahí quedó y se rechaza, desde entonces, a volver en Tierra».

Evolución e Interpretaciones del Mito

Detalle de la escultura Yemayá de Carybé, donde es posible notar orishás representados dentro de su vientre, como Changó con su oxê y Oggun con su espada. Museo Afro-Brasileño, SalvadorBahía.

Mucho de la interpretación de Yemayá y de su mitología se debe a sus primeros registros escritos como se observa en P. Baudin y otros, su atributo de Madre de todos los orishás es oriundo del relato de su unión con Aganjú, de la cual habría surgido el orishá Orungán, este último atraído por la madre habría intentado poseerla en un momento de ausencia del padre. De la consumación del incesto o de la mera tentativa de la misma, se sucedió una fuga de la parte de Yemayá, como en otros episodios, que horrorizada cae sobre la tierra y de sus senos rasgados surgen dos lagos y se sucede así el parto colectivo de diversos orishás, juntamente del Sol y de la Luna, sin embargo este relato posee serias inconsistencias inclusive la mención la Olokun como el primero a nacer de ese parto siendo que la secuencia de nacimientos varían de un autor a otro y los designios de los orishás citados.L. Cabrera al relatar este mito a partir de testimonios de algunos santeros sobrepone en una misma figura dos divinidades distinguidas, Yemayá y Iemu, su Yemayá-Yemu esposa de Olorun que después a través de un Obatalá, Achupá, dio a la luz los orishás y los dos astros anteriormente citados, este abordaje es comparado por la autora a otra versión obtenida de una informante en exilio de Yemayá casada con Aganju, que mucho se asemeja al relato de los autores P. Baudin, A. B. Ellis, R. Y. Dennett, Stephen Septimus Farrow, Olumide Lucas y R. F. Burton; Cabrera en nota lanza luz en cuanto a este mito tratarse de una variación del mito de Iemu verdadera madre de Ogum y que el incesto habría sido practicado por este,​ el mismo es afirmado por Natalia Bolívar Aróstegui y otros autores.​ e outros autores.

Verger, que no observa los relatos de A. B. Ellis en la costa de África, considera uno visión equivocada y extravagante la de padre Baudin, y que sólo habría cruzado Atlántico a través de Ellis. El mismo registra: «Durante la investigación que hice a partir de 1948 en los medios no letrados de estas regiones de África, nunca encontré vestigios de las leyendas inventadas por Rev. Padre Baudin». Actualmente, R. Prandi, que rechaza la visión de Verger, defiende que el mismo mito es de gran conocimiento por parte de los practicantes del culto al orishá en Bahía, con la observación que los mismos no conservaron el nombre de Orungán.La visión de Prandi ignora la influencia del acceso de religiosos a autores como Arthur Ramos, fuertemente influenciado por T. J. Bowen y A. B. Ellis, y demás estudiosos que intentaron actuar como bastiones de rescate del que creían ser la identidad de los negros ya perdida. Como destaca Roberto Motta, el papel del antropólogo «se transforma en doctor de la fe, descubridor o inventor de la tradición y de la memoria»,​ esa aparición gradual del mito entre los devotos es reforzado con la comparación de dos relatos de periodos distinguidos, por el relato de Nina Rodrigues en 1934: “Es de creer que esta leyenda sea relativamente reciente y poco esparcida entre los nagós. Nuestros negros que dirigen y se ocupan del culto yorubano, aún de los que estuvieron recientemente en África, de todo a ignoran y algunos la contestan”,57​ otra mención en cuanto al desconocimiento generalizado del mito, pero su ya aparición es la investigación del escritor Jorge Amado que se utiliza de la metáfora de Yemayá y Orungã para su libro Mar Muerto, el mismo relata: «No son muchos en el muelle los que saben de la historia de Yemayá y de Orungán, su hijo».

Otro atributo que le fue asociado fue el poder sobre las cabezas y por lo tanto sobre el destino. En la creencia yoruba, los aspectos que los seres humanos viven en sus vidas son oriundos de la elección del ori (cabeza) que aplica el destino. En esa tradición se cree que después de Obatalá modelar los seres, Obatalá suministra la cabeza.​ En las palabras de Abimbọla, «Obatalá (otra existencia sobrenatural que no es reconocida como divinidad) suministra el ori (cabeza) de su tienda de cabezas«. S. Poli evidencia que Obatalá»Es olvidado y descuidado y debido a esto ni siempre las cabezas salen buenas. Como resultado de eso el común de la gente escogen por sí mismas las cabezas sin recurrir a Obatalá y acaban así por escoger cabezas malas e inútiles«, siendo debido a eso el motivo de ser necesarios rituales como el Bori para establecer el equilibrio que el ori necesita.En Brasil la Yemayá fue atribuida la tarea del mantenimiento de las cabezas, en especial en el procedimiento del Bori haciéndose a Iyá Ori («Madre de las Cabezas»), a cerca de eso R. Prandi nos explica: «Obatalá está olvidado en Brasil, habiendo sido sustituido por Yemayá, la dueña de las cabezas, a quién se canta, en el xirê, cuando los iniciados tocan la cabeza con las manos para acordar ese dominio, y en la ceremonia de sacrificio a la cabeza (Bori), rito que precede la iniciación de aquella persona«.

Ilé Orí (casa de Orí), que contiene el Ìbọ Orí, asentamiento de la cabeza, representación dentro del culto tradicional en Nigeria. En Brasil, un recipiente de vajilla que se usa como fundamento para hacer borí es llamado de igbá orí (cabaça de orí).
Ritual para Ori al lado de una estatua de Yemayá en el candomblé, Ile Ase Ijino Ilu Orossi, BahíaBrasil.

Sandra Medeiros Epega defiende el culto de Yemayá como Iyá Ori justificando el porqué de esa atribución, ella relata:

«Cuando Yemoja vino del orun [mundo ancestral] para el aiye [planeta Tierra], al llegar descubrió que cada orisha ya tenía su dominio en la tierra de los hombres, y nada había sobrado para ella. Se quejó con Olodumare [dios creador], que dio a ella el deber de cuidar de la casa de su esposa Obatalá [reina de las ropas blancas], de su comida, de su ropa, de sus hijos. Yemoja se rebeló. Ella no había venido del Orun para el aiye para ser ama de casa y doméstica. Y tanto habló, tanto reclamó, que Obatalá fue quedando perturbada, hasta que finalmente enloqueció. Al ver su esposa en ese estado, Yemoja pensó en la actitud que Olodumare iría a tener con ella cuando llegara del Orun. Y buscó los mejores frutos, el aceite más claro, el pez más fresco, el ñame más bueno, un arroz bien blanco, los mayores palomos blancos, la nuez de kola más nueva, el mejor atare, ekuru acabado de cocinar, ori muy bueno, los igbin más claros, orógbó blando, agua muy fría, y con eso trató la cabeza de Obatalá. Ella fue mejorando con los ebós, y un día quedó completamente curada. Olodumare llegó del Orun para visitar a Obatalá. Habló a Yemoja que había visto todo lo que había acontecido, y le dio la enhorabuena por haber curado tan bien la cabeza de su esposa. De ahí en adelante, Yemoja iría a ayudar los hombres que hicieran malas elecciones de ori [destino, fuerza vital], a mejorar sus cabezas, con una ofrenda determinada por el oráculo de Ifá, a través de Orunmila [dios del destino de los hombres]».

Curiosamente en Cuba donde no hay referencia la posesión de ese atributo por Yemayá, L. Cabrera consigue rescatar el siguiente mito:

«En el comienzo del mundo, los orishás y hombres confabularon contra Yemayá, que entraba en la tierra[…]. Olodumare dijo a Obatalá: ‘Vaya a ver de que acusan a Yemayá’. Elegua, que oyó la orden recibida por Obatalá, dijo a Yemayá: ‘Consúltele con Ifá para que usted confunda todos sus enemigos.’ Yemayá siguió el consejo de Elegua, consultó Ifá y este indicó que ella hiciera un ebó (sacrificio) de carnero. Obatalá llegó a Ilê Ifé, la aldea de los orishás y de los hombres y, mientras todos hablaban, Yemayá salió del mar y avanzó hasta el grande Orishá, mostrándole la cabeza del carnero. Obatalá pensó: ‘Es la única que tiene cabeza!’, y confirmó su poder y grandeza».

En otra versión, Yemayá se encuentra con Olodumare en la reunión por él impuesta a los orishas y le regala con la cabeza de un carnero y este al percibir que ella era la única de los presentes a homenajearlo dice: «Awoyó Orí dorí e«. «Cabeza usted trae, cabeza usted será». La justificación del mito sería que Yemayá es «cabeza que piensa por sí misma» y la autora no presenta mayores justificaciones para entender la simbología, sin embargo R. Prandi y A. Vallado justifican ese relato como referencia de la tutela de los oris por parte de Yemayá. L. Cabrera al escribir sobre un mito que menciona Yemayá nuevamente casada con Aganju evidencia Obatalá como dueño de las cabezas, atributo que Aganju sin éxito habría intentado tomar para sí.

Olukunmi Omikemi Egbalade, sumo-sacerdote del culto la Yemayá en Ibadán, en entrevista, afirma no sólo la función del orisha en formar las cabezas juntamente la Obatalá, como su papel de llevar agua para cuidar de los recién nacidos modelados por el último. A. Apter al explorar el aspecto político de su culto en Ayede, en especial en cuanto a descripción del ritual de la cabeza realizado por su alta sacerdotisa, escribe: «Yemoja fructificando la cabeza representa el útero de la maternidad, la cabeza del buen destino, la corona del rey, la integridad de la ciudad, incluso el cierre cosmológico del cielo y de la tierra»,lo que no es discrepante con la afirmativa de S. Epega, «(…)en el ritual de bori, Yemoja siempre es saludada con la cantiga; ‘Ori ori ire, Yemoja ori orire, Yemoja’ (Cabeza cabeza buena, Yemoja coloca buena suerte en la cabeza, Yemoja)», quedando evidente algún aspecto del orisha de la cabeza.

Altar de Yemayá en templo en Trinidad (Cuba), con insignias del sol y de la luna.

Otro atributo o símbolo muy utilizado y presente en la interpretación de Yemayá es la luna. R. Prandi relata que Yemayá habría creado la luna para salvar el sol de extinguirse, él registra:

«Orum, el Sol andaba exhausto. Desde la creación del mundo él no había dormido nunca. Brillaba sobre la Tierra día y noche. Orum ya estaba a punto de extinguirse, de borrarse. Con su brillo eterno, Orum maltrataba la Tierra. Él quemaba día después de día. Ya casi todo estaba calcinado y los humanos ya morían todos. Los Orishás estaban preocupados y se reunieron para encontrar una salida. Fue Yemayá quien trajo la solución. Ella había guardado bajo la falda algunos rayos de Sol. Ella proyectó sobre la Tierra los rayos que había guardado y mandó que el Sol fuera descansar, para después brillar de nuevo. Los débiles rayos de luz formaron otro astro. El Sol descansaría para recuperar sus fuerzas y mientras eso reinaría Oxu, la Luna. Su luna fría refrescaría la Tierra y los seres humanos no perecerían en el calor. Así, gracias a Yemayá, el Sol puede dormir. A La noche, las estrellas velan por su sueño, hasta que la madrugada traiga otro día«.

En su asociación a los mares, Yemayá a través de la luna y sus fases juntamente con la fuerza del viento, que agita las aguas, controlaría las mareas. P. Iwashita al discutir el arquétipo de la maternidad y femenino afirma que «Por su parte el más importante símbolo para a Anima es la luna, a causa de la relación entre sus diferentes fases y el ciclo menstrual en la mujer». Azevedo Hijo en un análisis, justifica que por sus «diversas fases, que describen el ciclo continuo de aniquilamento/regeneración, la luna se hizo, a buen seguro, el símbolo mayor de las variaciones en el (del) tiempo(...) Correlacionada por lo tanto con Yemayá, la luna representa aún la zona nocturna, inconsciente, obscura de la psique humana, pulsões adormecidas, pero que reviven en los sueños, en las fantasías y en el deseo imposible, al contrario del sol(…)».

Esa analogía entre la luna y los ciclos con aniquilamiento/regeneración, es notable en el mito registrado por L. Cabrera que relata la venganza de Yemayá contra la humanidad que tendría conspirado contra su primogénito, que fue sentenciado la muerte y ejecutado. Yemayá toma de ira (aquí consigue absorber las características y el objetivo de Olokun, pero con gran éxito), habría destruido la primera humanidad, habitando en ese mito lo contraste entre origen y destrucción.

Mito y Política

Máscara Gelede de Nigeria, Museo de Arte de Birmingham.
Máscara Gelede con cuerpo, en el Museo de Brooklyn.

P. Verger, al discutir los aspectos políticos del culto de los orishás en la sociedad yoruba, relata: «El lugar ocupado en la organización social por el Orishá puede ser muy diferente se trata de una ciudad donde se yergue un palacio real, àáfin, ocupado por un rey, aládé, teniendo derecho a usar una corona, adé, con franjas de perlas, ocultándole la faz o donde existe un palacio, ilê Olójá, la casa del señor del mercado de una ciudad cuyo jefe es un balé que sólo tiene derecho a una corona más modesta llamada àkòró. En esos dos casos, el Orishá contribuye para reforzar el poder del rey o del jefe. Ese Orishá está prácticamente a su disposición para garantizar y defender la estabilidad y la continuidad de la dinastía y la protección de sus súbditos». El orishá protector de una dinastía es ampliamente celebrado por la misma, siendo sus festividades tanto una confirmación religiosa cuánto política, como por ejemplo, el festival de Oshum por los soberanos de Osogbo. Acerca del aspecto político del culto de Yemayá, A. Apter citando el festival de Ayede registra que su alta sacerdotisa que cuida de la cabeza del regente, es quien habilita el individuo del rey y revitaliza su cuerpo político, «Como cualquier símbolo dominante, ella abraza una extensión de significados que van desde bendiciones normativas y explícitas (‘ella trae niños y riqueza, él mantiene el rey saludable’) para implícitas, temas prohibidos de división y de derramamento de sangre, y es este último polo que es poderoso y profundo». Toda la integridad del gobierno, de su legítima sucesión y de la autoridad del regente es dependiente del apoyo de Yemayá su protectora y de sus sacerdotisas, que detiene del poder de deposição de su rey, así como del mal destino, de ocasionar una división política y poner fin al equilibrio cósmico. «Tales temas negativos raramente son expresados en público, pero ellos representan, sin embargo, un repertorio de interpretaciones potenciales que, bajo ciertas condiciones, puede ser invocado para movilizar la oposición contra el estatus quo. El profundo conocimiento del ritual real envuelve realmente el rey en el sacrificio y renacimiento, en que sus iconos de poder personal y autoridad real son literalmente desmontados y remontados por sacerdotes y sacerdotisas autorizados», concluye A. Apter.P. Verger menciona que su cortejo en Ibará, «va a saludar las personas importantes del barrio, comenzando por Olúbàrà, el rey de Ibará». Sobre esta aún estrecha relación entre el culto de Yemayá y la realeza de Ibará, Omari-Tunkara registra: «Quedé sorpresa al notar el elevado respeto del rey para la tradicional Religión yoruba y para la adoración de Yemọya, a pesar del hecho de que era educado occidentalmente y un profeso, devoto cristiano». Todas esas menciones refuerzan la influencia de su culto sobre las regiones de Abeokuta y sus dinastías.

Sobre el temor del poder de la ancestralidad femenina reverenciada en Yemayá, legitimada en su propia mitología, Omari-Tunkara explica: «Existen varias referencias en la literatura sobre los yorubas en África Occidental para el papel de Yemọya como Àjé o Iyami – nuestra madre (o bruja en el pensamiento occidental). En consonancia con Peter Morton-Williams (1960), Yemọya es la madre de la hechicería. En un estudio clásico, Dioses Negros y Reyes, Thompson cita dos sacerdotes de alto escalón que enfatizan la estrecha conexión de Yemọya y Gelede, una sociedad dedicada a la apaciguar Iyami: ‘Gelede’ es la adoración de Yemọya, diosa del mar y río. Las máscaras de Gèlèdé representan ella y sus descendientes del sexo femenino, y ‘Yemọya’ es propietaria de Gélèdé’«.

Un itan de Ifá justifica esa conexión de Yemayá con la Sociedad Gelede. Ella no podía tener hijos y consultó el Oráculo de Ifá, que la aconsejó a ofertar sacrificios y bailar con imágenes de madera en su cabeza y tobilleras de metal en sus pies. Tras realizar este ritual, ella quedó embarazada. Su primer hijo era un niño, apodado «Efe» (humorista); la máscara Efe enfatiza música y bromas a causa de la personalidad de su homónimo. El fruto del segundo parto de Yemayá era una niña, apodada «Gelede» porque ella era obesa como su madre. También como su madre, Gelede adoraba bailar. Tras tener se casado, ni Gelede o la compañera de Efe podían tener hijos. El Oráculo de Ifá sugirió que intentaran el mismo ritual que había trabajado con Yemayá. Tan listamente Efe y Gelede realizaron esta baila ritualística- con imágenes de madera en sus cabezas y tobilleras de metal sobre sus pies- ellos comenzaron a tener hijos. Esos rituales desarrollados en el Gelede de baila enmascarada fue perpetuada por los descendientes de Efe y Gelede. Esta narrativa es una de las muchas historias que explica el origen del Gelede.

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