Hace aproximadamente un mes, la calificadora de riesgo Fitch mejoró la nota de la deuda soberana de Argentina, en reconocimiento al ordenamiento fiscal y al triunfo político del Gobierno tras las elecciones. Sin embargo, para Fitch Ratings, alcanzar la categoría «B» representa apenas el comienzo de un camino complejo y no garantiza una pronta mejora futura en la calificación.

Durante su presentación en Buenos Aires, Todd Martínez, Senior Director y Co-Head del Sovereign Group para Latinoamérica de la agencia, moderó las expectativas de un avance inmediato. Martínez lanzó una advertencia estadística contundente que refleja el ánimo de Wall Street: “La mala noticia es que la categoría B es una categoría de mucho peligro. Muchos países entran, pero vuelven a caer. Argentina ya ha estado en la categoría B dos veces en su historia reciente y ha vuelto a caer”.
Si bien la calificadora reconoce las mejoras económicas que motivaron la reciente actualización de la nota, Martínez señaló cinco factores que limitan un nuevo ascenso en la calificación.
### Los dólares en caja y «los mangos»
La diferencia entre una nota baja y una más respetable radica fundamentalmente en la cantidad de dólares disponibles. Martínez explicó que para países con calificaciones bajas se aplica un análisis detallado, casi al nivel más minucioso: “En la categoría B hacemos una tabla de usos y fuentes. Contamos los mangos mes a mes para ver si el país podrá pagar la amortización del próximo vencimiento”, ejemplificó.
En este sentido, destacó que la recuperación de las reservas aún está rezagada respecto a los vencimientos que enfrenta el país. “Para subir a la categoría BB, queremos dejar de tener que contar mangos. Tenemos que dejar de tener dudas sobre de dónde vendrán los dólares para pagar los vencimientos”, agregó.
El analista estimó que para que Argentina alcance un nivel prudencial de reservas, equivalente al 15% del PIB, necesitaría acumular alrededor de 62.000 millones de dólares. “No digo que precise esa cifra exacta para subir un escalón, pero da una idea de la magnitud del desafío”, señaló.
### La política y el “riesgo kuka”
Para Fitch, la política argentina no es un factor cualitativo secundario, sino un fundamento macroeconómico real. Martínez destacó el impacto que tiene el resultado electoral en la dinámica local: “En la categoría B, el riesgo político importa mucho más porque afecta los fundamentos económicos de forma tangible. El riesgo político en Argentina se refleja en el riesgo país y en la falta de acceso al crédito a largo plazo para las empresas”.
Respecto a una mejora que acerque al país al grado de inversión, Martínez fue claro: “Deben pasar varios ciclos electorales en los que, gane quien gane, se mantenga un consenso básico sobre las reglas de juego y la disciplina fiscal”.
El analista graficó esta situación con una metáfora: “Argentina es el único país donde hay fotos de Benjamin Franklin asustado. Otros países tienen elecciones relevantes, pero no generan el nerviosismo que se experimenta en Argentina. Podríamos pensar que, si los fundamentos son sólidos, se estaría sobreponderando el riesgo político; sin embargo, para nosotros el riesgo político es un fundamento”.
### La trampa de los tres años y el historial de recaídas
La cautela de Fitch responde a la experiencia empírica del comportamiento de los mercados emergentes en esta franja crediticia. Martínez indicó que la historia muestra que el estancamiento prolongado en la categoría «B» suele anteceder un deterioro si no se impulsan reformas profundas. “Nuestros estudios señalan que los países que entran en la categoría B y luego retroceden suelen permanecer alrededor de tres años en esa nota antes de volver a caer. Por eso no nos apuramos; queremos ver consistencia en el tiempo antes de validar un nuevo ascenso”, afirmó.
Aunque valoró el manejo de las cuentas públicas y consideró “lo fiscal lo más exitoso de este gobierno y algo que ya no ponemos en duda”, Martínez llamó a poner atención en la calidad y sostenibilidad del superávit a mediano plazo.
La caída en la recaudación obliga al Ejecutivo a mantener el equilibrio con medidas que la calificadora observa con cautela. “Hoy el superávit se sostiene con algunos parches transitorios o postergaciones de gastos. A futuro, la indexación de las jubilaciones por inflación y los factores demográficos ejercerán mucha presión, por lo que el saneamiento fiscal todavía enfrenta capítulos difíciles”.
Por último, el flanco monetario también advierte prudencia. A pesar de la reducción de la inflación, Fitch destaca que el sistema financiero continúa sin impulsar un crédito genuino en moneda local. “El crédito en pesos sigue cayendo en términos reales, lo cual indica que no hay una recuperación real de la demanda de dinero”, indicó Martínez.
Aunque valoró positivamente que la dolarización cultural de los argentinos ahora se mantenga dentro del sistema formal bajo la forma de depósitos que financian exportadores, advirtió que la falta de una base sólida en pesos limita la capacidad del Banco Central para acumular reservas sin recurrir permanentemente a la emisión o a la esterilización.
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